Algún día encontraré una palabra - Roberto Juarroz
Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te usa tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.
Un gallo solo no teje una mañana - João Cabral de Melo Neto
Un gallo solo no teje una mañana:
precisará siempre de otros gallos.
De uno que recoja el grito que él
y lo lance a otro; de otro gallo
que recoja el grito del gallo anterior
y lo lance a otro; y de otros gallos
que con otros muchos gallos se crucen
los hilos de sol de sus gritos de gallo,
para que la mañana, con una tela tenue,
vaya siendo tejida, entre todos los gallos.
2
Y tomando cuerpo en tela, entre todos,
erigiéndose en tienda, donde entren todos,
entreteniéndose para todos, en el toldo
(la mañana) que planea libre de armazón.
La mañana, toldo de un tejido tan aéreo
que, tejido, se eleva de por sí: luz globo.
João Cabral de Melo Neto
De: La educación por la piedra, 1966
Traducción de José Antonio Montano
Poema original en portugués:
«Tecendo a Manhã»
Um galo sozinho não tece uma manhã:
ele precisará sempre de outros galos.
De um que apanhe esse grito que ele
e o lance a outro; de um outro galo
que apanhe o grito de um galo antes
e o lance a outro; e de outros galos
que com muitos outros galos se cruzem
os fios de sol de seus gritos de galo,
para que a manhã, desde uma teia tênue,
se vá tecendo, entre todos os galos.
E se encorpando em tela, entre todos,
se erguendo tenda, onde entrem todos,
se entretendendo para todos, no toldo
(a manhã) que plana livre de armação.
A manhã, toldo de um tecido tão aéreo
que, tecido, se eleva por si: luz balão.
João Cabral de Melo Neto
Do: A Educação pela Pedra, 1966
A modo de elegía - Waldo Leyva
Bellísima - Eduardo Lizalde
Allá lejos - Raúl Zurita
Se hacía tarde ya cuando tomándome un hombro
me ordenó:
“Anda y mátame a tu hijo”
Vamos -le repuse sonriendo- ¿me estás tomando
el pelo acaso?
“pero recuerda quién soy, así que después no
te quejes”
Conforme -me escuché contestarle- ¿y dónde
quieres que cometa ese asesinato?
Entonces, como si fuera el aullido del viento
quien hablase, Él dijo:
“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile”
II
Con la cara ensangrentada llamé a su puerta:
Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos
afuera
“Márchate de aquí -me contestó- antes de que
te eche a patadas”
Vamos -le observé- usted sabe que también
rechazaron a Jesús.
“Tú no eres Él -me respondió- ándate o te
rompo la crisma. Yo no soy tu padre”
Por favor -le insistí- los tipos que están
afuera son hijos suyos...
“De acuerdo -contestó suavizándose- llévalos
a la tierra prometida’’
Bien: ¿pero dónde queda ese sitio?
-pregunté-
Entonces, como si fuera una estrella la que
lo dijese, me respondió:
“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile”
III
Despertado de pronto en sueños lo oí tras la
noche
Oye Zurita -me dijo- toma a tu mujer y a tu
hijo y te largas de inmediato”
No macanees -le repuse- déjame dormir en paz,
soñaba con unas montañas que marchan ...
“Olvida esas estupideces y apúrate -me urgió-
no vas a creer que tienes todo el tiempo del
mundo. El Duce se está acercando’’
Escúchame -contesté- recuerda que hace mucho
ya que me tienes a la sombra, no intentarás
repetirme el cuento. Yo no soy José.
“Sigue la carretera y no discutas. Muy pronto
sabrás la verdad”
Está bien -le repliqué casi llorando- iy dónde
podrá ella alumbrar tranquila?
Entonces, como si fuera la misma Cruz la que se
iluminase, Él contestó:
“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile”
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