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Hasta el final - John Jairo Junieles

La vida es una mujer con sus dos manos para hacer lo que haga falta.
Un marcado aire de familia me une con esta modista que lleva
treinta años frente a una Singer,
que escucha radionovelas, y que aún conserva en un armario
los tres ombligos de sus hijos.
 
¿De qué madera está hecha esta canoa que lleva medio río sin
quejas, y piensa que todo mal  lleva al bien amarrado en la cola?.
¿Cuántas muertes me faltan a mí para parecerme  a ella?,
para decir como dice ella: “Si vives como si tuvieras fe,
la fe te será otorgada”.
 
Años antes de que yo naciera madre colgó una estampa que
aún pervive: Dos niños recogen flores a la orilla de un despeñadero
y un Ángel de la Guarda conjura el peligro con su presencia.
 
Dime madre con tus ojos el secreto,
dime cómo se llega alegre hasta el final,
a pesar de los abismos,
dímelo a mí, que soy la única pluma sucia de tus alas.

Algún día encontraré una palabra - Roberto Juarroz

 Algún día encontraré una palabra

que penetre en tu vientre y lo fecunde,

que se pare en tu seno

como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra

que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,

que contenga tu cuerpo

y abra tus ojos como un dios sin nubes

y te usa tu saliva

y te doble las piernas.

Tú tal vez no la escuches

o tal vez no la comprendas.

No será necesario.

Irá por tu interior como una rueda

recorriéndote al fin de punta a punta,

mujer mía y no mía,

y no se detendrá ni cuando mueras.



Un gallo solo no teje una mañana - João Cabral de Melo Neto

Un gallo solo no teje una mañana:

precisará siempre de otros gallos.

De uno que recoja el grito que él

y lo lance a otro; de otro gallo

que recoja el grito del gallo anterior

y lo lance a otro; y de otros gallos

que con otros muchos gallos se crucen

los hilos de sol de sus gritos de gallo,

para que la mañana, con una tela tenue,

vaya siendo tejida, entre todos los gallos.


2

Y tomando cuerpo en tela, entre todos,

erigiéndose en tienda, donde entren todos,

entreteniéndose para todos, en el toldo

(la mañana) que planea libre de armazón.

La mañana, toldo de un tejido tan aéreo

que, tejido, se eleva de por sí: luz globo.


João Cabral de Melo Neto


De: La educación por la piedra, 1966

Traducción de José Antonio Montano


Poema original en portugués:


«Tecendo a Manhã»


Um galo sozinho não tece uma manhã:

ele precisará sempre de outros galos.

De um que apanhe esse grito que ele

e o lance a outro; de um outro galo

que apanhe o grito de um galo antes

e o lance a outro; e de outros galos

que com muitos outros galos se cruzem

os fios de sol de seus gritos de galo,

para que a manhã, desde uma teia tênue,

se vá tecendo, entre todos os galos.


E se encorpando em tela, entre todos,

se erguendo tenda, onde entrem todos,

se entretendendo para todos, no toldo

(a manhã) que plana livre de armação.

A manhã, toldo de um tecido tão aéreo

que, tecido, se eleva por si: luz balão.


João Cabral de Melo Neto


Do: A Educação pela Pedra, 1966


A modo de elegía - Waldo Leyva

No puedo evitar que me sorprenda esa costumbre
nuestra: dar de beber primero a los ausentes.
No se trata de convocarlos a la fiesta,
ni tampoco es un ritual de la memoria;
los muertos beben solos.
 
A medida que los años pasan
el silencio sin ruido, ayer imperceptible,
empieza a acompañarnos,
a dejar sus huellas sobre las sábanas,
a sustituir con nuestro rostro la cara del amigo.

Ayer, mientras descorchaba mi añejo de reserva
para brindar por la llegada de otro año
supe, sin duda alguna,
que debía mojar un rincón de la casa.
Para quién era el trago? ¿a quién debía evocar?
¿Acaso a Luis, muerto a los treinta y dos años
cuando la poesía empezaba a crecer
en su garganta y le dolía en el costado
ese escuálido y turbio ángel del desamor?
¿Tal vez a Wichy el Rojo, quien seguramente
continuará en su eterno retornógrafo,
dialogando con Tristan Tzara
o con Guillaume Apollinaire, el soldado polaco
de sus versos?
 
Los muertos beben solos, me repito,
pero voy con la botella
hasta el rincón más íntimo de casa
donde Ángel Escobar, sudoroso y suicida,
masca alucinado hojas de curujey,
le pide al alcor funesto que aparte a los forenses
y sigue diciéndonos, para que no lo olvidemos,
…moriré/ solo de mí: no llevo un clavel rojo
en la solapa, no puedo sonreír:
alguien siempre dispara
su pistola en medio del concierto…
 
Los muertos beben solos, insisto,
y el ámbar del añejo deja en el aire breve
una línea sin origen ni fin donde Raúl,
desde su enorme silencio, aparta la vieja pistola
de su animal civil y dice a Gelsomina:
Ven …a ver al niño enfermo
que allí en su lecho abandonado yace…
mientras Ignacio Vázquez se pone el pecho
de Sor Juana para decir los versos que le dicta
su esquizofrenia contagiosa.
 
¿Dónde está Juan Puga? Lo busco por la casa
y vuelvo a mi balcón pero en esta noche de diciembre
no están los flamboyanes florecidos,
ni puedo intuir los almendros agrestes de su tierra.
¿Será cierto lo que una vez le dije:
empiezas -y eso duele- a ser olvido?
No tengo pacharán, querido hermano, pero te ofrezco
este trago de ron. ¿Lo compartimos?
 
Los muertos beben solos
le digo a los que esperan y ríen satisfechos
sin sospechar que alguien los va a evocar mañana
derramando licor por los rincones.
Naborí ya lo dijo recordando a Simónides de Ceos
Arrobados de sueños y paisaje
creemos infinito nuestro viaje
pero ¡ay! el viaje es demasiado breve.
 
Hay muertos más recientes, muertos
como Jesús Cos Causse que se llevó algo de mí, raigal,
aunque dejaba, detrás de cada verso algún ruido del corazón.
Negro, brindemos por Nilda Arzuaga;
no sé si ella, en algún sitio del planeta,
se acuerda de tus versos, de aquella noche cómplice,
junto a la ventana de Luz Vázquez
pero vamos a repetirlos tú y yo para que los oiga
donde quiera que esté.
Mañana la historia
le pondrá un rostro extraño
a nuestro amor y nuestras cartas serán leyendas
para los poetas de entonces.
Uno no sabe nunca en qué amor acabarse, en qué
salto cruzar las cenizas.
 
Hay muertos más recientes, lo repito,
muertos que nos dejaron definitivamente huérfanos.
Pienso en Joel, en su ternura brusca,
en su cortante lucidez, en su diálogo intacto con los loa
buscando una explicación para sí mismo,
para nosotros, para esta Isla entrañable que nos duele.
¿Encontraste al Bon dieu hermano?
No tengo el preparado de aguardiente
con las yerbas de monte pero bebe, bebe conmigo
este añejo hecho con las mejores aguas de la tierra.
 
¿Los muertos beben solos?

Bellísima - Eduardo Lizalde


Y si uno de esos ángeles
                    me estrechara de pronto sobre su corazón,
yo sucumbiría ahogado por su existencia
más poderosa.

Rilke, de nuevo



Óigame usted, bellísima,
no soporto su amor.
Míreme, observe de qué modo
su amor daña y destruye.
Si fuera usted un poco menos bella,
si tuviera un defecto en algún sitio,
un dedo mutilado y evidente,
alguna cosa ríspida en la voz,
una pequeña cicatriz junto a esos labios
de fruta en movimiento,
una peca en el alma,
una mala pincelada imperceptible
en la sonrisa...
yo podría tolerarla.

Pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aun la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.

Allá lejos - Raúl Zurita

 Se hacía tarde ya cuando tomándome un hombro

me ordenó:

“Anda y mátame a tu hijo”

Vamos -le repuse sonriendo- ¿me estás tomando

el pelo acaso?

“pero recuerda quién soy, así que después no

te quejes”

Conforme -me escuché contestarle- ¿y dónde

quieres que cometa ese asesinato?

Entonces, como si fuera el aullido del viento

quien hablase, Él dijo:

“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile”


II


Con la cara ensangrentada llamé a su puerta:

Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos

afuera

“Márchate de aquí -me contestó- antes de que

te eche a patadas”

Vamos -le observé- usted sabe que también

rechazaron a Jesús.

“Tú no eres Él -me respondió- ándate o te

rompo la crisma. Yo no soy tu padre”

Por favor -le insistí- los tipos que están

afuera son hijos suyos... 

“De acuerdo -contestó suavizándose- llévalos

a la tierra prometida’’

Bien: ¿pero dónde queda ese sitio? 

-pregunté-

Entonces, como si fuera una estrella la que

lo dijese, me respondió:

“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile”


III


Despertado de pronto en sueños lo oí tras la

noche

Oye Zurita -me dijo- toma a tu mujer y a tu

hijo y te largas de inmediato”

No macanees -le repuse- déjame dormir en paz,

soñaba con unas montañas que marchan ...

“Olvida esas estupideces y apúrate -me urgió-

no vas a creer que tienes todo el tiempo del

mundo. El Duce se está acercando’’

Escúchame -contesté- recuerda que hace mucho

ya que me tienes a la sombra, no intentarás

repetirme el cuento. Yo no soy José.

“Sigue la carretera y no discutas. Muy pronto

sabrás la verdad”

Está bien -le repliqué casi llorando- iy dónde

podrá ella alumbrar tranquila?

Entonces, como si fuera la misma Cruz la que se

iluminase, Él contestó:

“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile”