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Vida de un poema - Luis Rogelio Nogueras

El poema nace
mira con ojos asombrados e inocentes su primera
mañana en el mundo
–aún no sabe que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema balbucea una palabra pura
descubre los objetos cercanos y distantes
toca su propio rostro
sonríe
–aún no sabe que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema crece
rompe sus juguetes
da unos pasos
cae
vuelve a levantarse
–oye decir que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema sale a la calle
tiene su amor imposible
su pedazo de dicha y un rencor
–comienza a sospechar que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema se hace adulto
derriba ídolos de barro
gana amigos y enemigos
se casa fecunda un vientre
–tiene ya casi la certeza de que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema madura
aprende a comportarse en la mesa
perfila su estilo
suple pasión con experiencia
aprende a hacer posibles los amores imposibles
–está absolutamente seguro de que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema envejece
mira con paternal ternura
a los jóvenes poemas inexpertos
les envidia en secreto su fuego y desaliño
–no les dice que todo lo que les acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema agoniza
mira con ojos tristes y culpables su última
noche en el mundo
–no lo consuela saber
que también su muerte es simple repetición–

El último caso del inspector - Luis Rogelio Nogueras

El lugar del crimen
no es aún el lugar del crimen:
es sólo un cuarto en penumbras
donde dos sombras desnudas se besan.

El asesino
no es aún el asesino:
es sólo un hombre cansado
que va llegando a su casa un día antes de lo previsto,
después de un largo viaje.

La víctima
no es aún la víctima:
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos.

El testigo de excepción
no es aún el testigo de excepción:
es sólo un inspector osado
que goza de la mujer del prójimo
sobre el lecho del prójimo.

El arma del crimen
no es aún el arma del crimen:
es sólo una lámpara de bronce apagada,
tranquila, inocente
sobre una mesa de caoba

Transformacional - Luis Rogelio Nogueras

"En el tronco de un árbol, una niña… "
A Fernando Silva hijo, en 1982
y a Zoé Valdés, en 1968

"Qué lindo árbol", dice la niña.
Y el árbol, que aguardaba esas palabras,
el árbol, que nació y creció para esas palabras,
también confirma la belleza de la niña
en su secreto lenguaje
de raíces y ácidas resinas.

El largo tronco ocre, pero
sobre todo la copa del árbol
ardiendo en verdes llamas en el viento de la tarde,
y los ojos claros, pero
sobre todo la boca de la niña
en la que palpita como un pequeño animal una sonrisa,
fueron alabados. Para esos segundos de gloria
el árbol resistió a pie firme el vendaval
y la niña llegó a este paraje:
para ese mutuo reconocimiento.
La útil belleza del árbol fue singularizada:
su voz única fue reconocida
en los incontables susurros de la selva;
la frágil belleza de la niña fue descifrada;
su rostro
señalado en la anónima marea de la muchedumbre.