Vanidad de vanidades - Marguerite Duras

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Vanidad de vanidades - Marguerite Duras

Vanidad de vanidades.

Todo es vanidad e ir en pos del aire.

Estas dos frases dan para escribir toda la literatura de la tierra.

Vanidad de vanidades, sí.

Estas dos frases abren por sí solas el mundo entero: los objetos,

los vientos, los gritos de los niños, el sol que muere mientras se

profieren esos gritos.

Que el mundo camine hacia su perdición.

Vanidad de vanidades.

Todo es vanidad e ir en pos del aire.

Ficción - Mark Strand

6:07

Ficción - Mark Strand

Pienso en las vidas inocentes

de las personas que habitan las novelas, de las que saben

que morirán una vez que la novela termine. Cuán diferentes

son de nosotros. Aquí, la luna mira hacia abajo torpemente,

a través de dispersas nubes, sobre el pueblo dormido,

y el viento arremolina hojas secas

y alguien —es decir, yo—, hundido en su silla, hojea

ansiosamente las páginas que quedan, sabiendo que no hay

tiempo para el hombre y la mujer en el cuarto alquilado,


Algún día encontraré una palabra - Roberto Juarroz

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Algún día encontraré una palabra - Roberto Juarroz

 Algún día encontraré una palabra

que penetre en tu vientre y lo fecunde,

que se pare en tu seno

como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra

que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,

que contenga tu cuerpo

y abra tus ojos como un dios sin nubes

y te usa tu saliva

y te doble las piernas.

Tú tal vez no la escuches

o tal vez no la comprendas.


Un gallo solo no teje una mañana - João Cabral de Melo Neto

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Un gallo solo no teje una mañana - João Cabral de Melo Neto

Un gallo solo no teje una mañana:

precisará siempre de otros gallos.

De uno que recoja el grito que él

y lo lance a otro; de otro gallo

que recoja el grito del gallo anterior

y lo lance a otro; y de otros gallos

que con otros muchos gallos se crucen

los hilos de sol de sus gritos de gallo,

para que la mañana, con una tela tenue,

vaya siendo tejida, entre todos los gallos.


Maravillosas ocupaciones - Julio Cortázar

16:25

Maravillosas ocupaciones - Julio Cortázar

  Qué maravillosa ocupación cortarle una pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera, despachar la carta en el correo de la esquina.

  Qué maravillosa ocupación ir andando por el bulevar Arago contando los árboles, y cada cinco castaños detenerse un momento sobre un solo pie y esperar que alguien mire, y entonces soltar un grito seco y breve, y girar como una peonza, con los brazos bien abiertos, idéntico al ave cakuy que se duele en los árboles del norte argentino.


Pérdida y recuperación del pelo - Julio Cortázar

16:21

Pérdida y recuperación del pelo - Julio Cortázar

 Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.

            Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.


La última clase - Alphonse Daudet

20:11

La última clase - Alphonse Daudet

Aquella mañana me había retrasado más de la cuenta en ir a la escuela, y me temía una buena reprimenda, porque, además, el señor Hamel nos había anunciado que preguntaría los participios, y yo no sabía ni una jota. No me faltaron ganas de hacer novillos y largarme a través de los campos.

¡Hacía un tiempo tan hermoso, tan claro! Se oía a los mirlos silbar en la linde del bosque, y en el prado Rippert, tras el aserradero, a los prusianos que hacían el ejercicio. Todo esto me atraía mucho más que la regla del participio; pero supe resistir la tentación y corrí apresuradamente hacia la escuela.


La bata japonesa - Julio Ramón Ribeyro

11:18

La bata japonesa - Julio Ramón Ribeyro

Alida me trajo del Japón una linda bata de seda natural, un kimono, de amplio vuelo y anchas mangas. En la primera oportunidad que estuve libre en casa me la puse y allí empezó el desastre. No había perilla de puerta o esquina de mesita donde no me quedara enganchado. Cada vez que me lavaba las manos el agua me entraba por las mangas. El gato se dedicó a perseguirme y lanzar zarpazos a la flotante vestidura, creyendo que le estaba proponiendo un juego. Como estaba solo tuve que hacer la vajilla y cocinar y en consecuencia me salpiqué todo de detergente y en el momento de freír mi bistec estuve a punto de arder como una antorcha. Comprendí que la indumentaria, la vestimenta, es fruto y está adaptada a un modo de vida y una función. La bata japonesa era lo menos apropiado para un departamento parisién, que son muy pequeños y están atiborrados de muebles y objetos puntiagudos. 


Cordero asado - Roald Dahl

18:18

Cordero asado - Roald Dahl

La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador, dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente.

Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo.

De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación, simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel -estaba en el sexto mes del embarazo- había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes.


A modo de elegía - Waldo Leyva

0:48

A modo de elegía - Waldo Leyva

No puedo evitar que me sorprenda esa costumbre

nuestra: dar de beber primero a los ausentes.

No se trata de convocarlos a la fiesta,

ni tampoco es un ritual de la memoria;

los muertos beben solos.

 

A medida que los años pasan

el silencio sin ruido, ayer imperceptible,

empieza a acompañarnos,

a dejar sus huellas sobre las sábanas,

a sustituir con nuestro rostro la cara del amigo.

Ayer, mientras descorchaba mi añejo de reserva